La nueva película de Jonás Trueba 'es una obra sobre la complicidad perdida, sobre dos estilos de vida contradictorios, sobre tomar el mando o dejarse llevar, sobre la ambición y la insignificancia'. Crítica de Javier Ocaña
Las vidas podrían dividirse entre el momento de necesidad y el instante de imposibilidad; entre la oportunidad de hacer algo, el convencimiento de cumplirlo, y la incapacidad de lograrlo porque se ha tardado demasiado; entre las dos frases por las que se mueve, explícita y metafóricamente, la nueva película de Jonás Trueba: “Tenéis que venir a verla”, que además ejerce de título, y “ya es demasiado tarde”.
Con la segunda quizá quiera expresar el fracaso de toda una generación, la suya, tan teórica, ambiciosa y culta, derrumbada en parte por la impostura, por la pereza, por la impotencia.Los cineastas independientes, en la batalla de encontrar públicos más allá de las salas tradicionaleses escueta , elevada en sus conversaciones y en sus pretensiones, rotunda, hermosa, libre, personalísima.
Esa misma ambivalencia podría ajustarse también a la hora de encuadrarla en la filmografía de su director. Desde una clasificación quizá un tanto restrictiva, la carrera de Trueba podría dividirse entre los largometrajes más espontáneos, improvisados y libres en su narraciónTenéis que venir a verlaTodo parece medido hasta el milímetro.
que acompañan los interludios. La larga disquisición sobre el libro de filosofía, que no de autoayuda,, en medio de una comida en el campo y frente a un asado . La preciosa fotografía de Santiago Racaj.
Obra sobre la complicidad perdida, sobre dos estilos de vida contradictorios, sobre tomar el mando o dejarse llevar, sobre la personalidad y la indecisión, la ambición y la insignificancia, con ecos evidentes de François Truffaut y Éric Rohmer, pero con el estilo propio de Trueba,puede ser, según quien la mire y la viva, plácida, amarga, lúcida y envolvente, o simplemente irónica, provocadora y hasta cómica. Y quizá todos tengan razón.