El controvertido programa espía se ha convertido en herramienta clave para una diplomacia de alianzas y la pujante industria de ciberseguridad del Estado judío
ahora en el ojo del huracán por el espionaje a líderes independentistas catalanes, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y a la ministra de Defensa, Margarita Robles. Los agentes de ambos servicios cuentan con herramientas de intervención de comunicaciones aún más potentes y secretas, pero no tanto como los instrumentos de ciberespionaje de última generación de la Unidad 8200, sanctasanctórum de la inteligencia militar del Estado judío.
Desde entonces, han construido un emporio al servicio de los intereses israelíes, un poder que parece haber entrado en declive por los presuntos abusos que lo rodean.NSO ha salido airosa de investigaciones judiciales en Israel, tras detectarse que Pegasus ha sido usado para espiar a activistas humanitarios, periodistas o políticos de la oposición en otros países.
Israel atrae el 40% de las inversiones privadas mundiales en ciberseguridad, pero este sector, con compañías punteras, actúa sin apenas escrutinio parlamentario o judicial. Las 700 firmas de ciberseguridad israelíes recibieron el año pasado recibió 8.800 millones de dólares en fondos extranjeros, según la
tres veces más que en 2020. El 80% de los fundadores de estas compañías son jóvenes ingenieros procedentes de la célebre Unidad 8200 del Ejército.La Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa de la Kneset carece de información detallada sobre las exportaciones del sector de seguridad, según una