Paseando hoy por las calles residenciales de Harlem, entre las casas de ladrillo de Strivers' Row y las avenidas que llevan los nombres de Malcolm X o Martin Luther King Jr.,...
Paloma Sánchez-Garnica:"Los líderes de Estados Unidos deberían recordar que es un país de inmigrantes, hoy igual que hace 200 años"Paseando hoy por las calles residenciales de Harlem, entre las casas de ladrillo de Strivers' Row y las avenidas que llevan los nombres de Malcolm X o Martin Luther King Jr., cuesta imaginar cómo debía de ser el barrio en 1968, cuando la lucha por los derechos civiles, la violencia racial, la droga y la delincuencia habían convertido buena parte de sus calles en un territorio muy distinto al de ahora..
También los nombres, las esquinas, algunos edificios y esa mezcla de barrios que permite pasar en apenas unas manzanas de la opulencia de la Quinta Avenida a los lugares donde la ley y el delito llegaron a confundirse peligrosamente. transcurre en aquel frenético 1968, un año convulso en el que confluyeron la etapa más dramática de la guerra de Vietnam, las violentas protestas por los derechos civiles, una creciente desconfianza en las instituciones y los cruciales asesinatos de Martin Luther King y Robert F. Kennedy.
En ese escenario, la escritora entrelaza una investigación periodística y policial con los secretos de una poderosa familia neoyorquina y los códigos de una mafia casi omnipotente Juan del Val, ganador del Premio Planeta: "Si critico a Pedro Sánchez soy un facha terrible y cuando critico a Ayuso soy un rojo peligroso" Sonsoles Ónega habla de su nueva novela:"Me hicieron dudar de mí y este libro es la confirmación de que nada era mentira"los pilares sobre los que se había construido la sociedad estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial empezaron a resquebrajarse, el hombre condenado por el asesinato del entonces senador y candidato a la presidencia Robert Kennedy.
"A partir de ahí comencé a investigar las sombras de aquella investigación y terminé encontrándome con un país que, lejos de la imagen idealizada por Hollywood, atravesaba una profunda crisis de confianza . Cuando se empieza a desconfiar de las instituciones hay algo en la democracia que se quiebra", sostiene con cierto tono de advertencia. Nueva York era, para contar todo aquello, casi una obligación.
Como Berlín en sus novelas anteriores, la Gran Manzana no funciona como un simple decorado, es el"sistema nervioso" de la historia," una ciudad que cambia de rostro según el barrio y que permite que sus personajes parezcan pertenecer a mundos diferentes aunque vivan a pocos kilómetros unos de otros". Si Harlem no es el mismo que en los sesenta, tampoco lo son el Bronx, Brooklyn o el Lower East Side.
La Quinta Avenida, Wall Street y Park Avenue representan, como entonces, el poder y el dinero mientras Harlem, los muelles de Hoboken, en Nueva Jersey o los barrios de inmigrantes muestran otras caras de una ciudad que siempre ha vivido de sus contrastes. Sánchez-Garnica conoce bien Nueva York y había regresado varias veces antes de escribir la novela.
Pero necesitaba reconstruir aquella ciudad desaparecida, la que podía pasar de los grandes edificios de Manhattan a los territorios controlados por mafias y policías corruptos. La novela se mueve así entre mundos sociales muy distintos.
"Los Donaldson, la familia de Nicole, la protagonista, pertenecen a esa Nueva York acomodada en la que", explica la escritora. "Nicole, sin embargo, empieza a rebelarse contra ese destino. Quiere ser periodista y no una mujer limitada al papel de esposa y madre que su clase y su época parecen haberle reservado.en igualdad de condiciones con los hombres".
"No había una prohibición expresa de que una mujer no pudiera ser periodista", reconoce Sánchez-Garnica, cuya protagonista trabaja en el New York Times haciendo de investigadora para un periodista veterano. " El problema era más sutil, a ellas se les reservaban las secciones femeninas, los temas considerados menores , se les cerraban determinadas fuentes y las posibilidades de promoción eran mucho más limitadas.
Nicole pertenece a esa generación que comienza a cuestionar un modelo de feminidad construido después de la Segunda Guerra Mundial", afirma Sánchez-Garnica, aunque insiste en que no se puede juzgar a aquella mujer con la mentalidad de hoy.
"Su conflicto es también familiar, religioso y sentimental. Elegir como pareja a Frank, un policía judío de Harlem, significa enfrentarse a una tradición que parecía haber decidido su vida"Como demuestran los Estados Unidos de 1968, cuando se empieza a desconfiar de las instituciones hay algo en la democracia que se quebra" Y es que Nicole, que se ve inmersa en el asesinato del mediano de los Kennedy como testigo involuntario y cuya versión nadie escucha, no es la única que persigue una verdad que incomoda.
Frank Bernstein, el otro gran personjae del libro, investiga desde la policía mientras ella lo hace desde el periodismo.
"Ambos descubren que los mayores obstáculos no están necesariamente en el crimen que persiguen, sino dentro de las propias instituciones encargadas de combatirlo", revela la autora. "La investigación policial de Frank, centrada en la mafia que controla el tráfico de drogas y cuyos tentáciulos llegan hasta el transporte de alimentos a las tropas destinadas en la guerra en Asia,"Los dos tienen esa sensación de frustración", sintetiza Sánchez-Garnica.
"Frank ha convertido la búsqueda de la verdad en una forma de resistencia y. Nicole se encuentra ante el mismo muro desde el otro lado, sabe que la versión oficial no coincide con aquello que ha visto, pero tampoco dispone de las herramientas necesarias para demostrarlo". , cuyo título evoca inevitablemente al mundo de la mafia, se instala precisamente enJustamente la mafia introduce otra forma de entender las relaciones de poder.
El honor que da título al libro no es necesariamente una virtud, sino un concepto ambiguo que puede significar dignidad y fidelidad a unos principios, pero también obediencia, sometimiento y silencio.
"Para unos significa proteger a la familia por encima de todo; para otros, cumplir una promesa o guardar silencio, para otros, finalmente, llega un momento en que ser fieles a sí mismos exige romper precisamente con aquello que siempre han entendido como honor", explica la escritora. La familia vuelve a ocupar así un lugar central en la literatura de Sánchez-Garnica. Refugio, pero también deuda. En esta historia proteger a los propios significa callar, y callar puede convertirse en complicidad.
", y elige lo primero", adelanta la autora, sin desvelar las piezas finales de un puzle que reserva varias sorpresas y cuyo final está lleno de giros insospechados. La ciudad contemporánea introduce, además, un eco inesperado. Nueva York sigue siendo hoy, como en 1968, una ciudad levantada por sucesivas oleadas de inmigrantes, y esa condición vuelve a estar en el centro del debate político.
La semana pasada, mientras la ciudad acogía la Asamblea General de Naciones Unidas,, dos figuras que encarnan visiones políticas muy distintas sobre la ciudad y sobre el país. Para Sánchez-Garnica, esa tensión remite a una evidencia que no debería perderse de vista:"Estamos hablando de un país que se ha construido hace muy poco tiempo, apenas dos siglos. Sus líderes deberían recordar que Estados Unidos es un país de inmigrantes, hoy igual que hace 200 años .
Lo que pasa es que unos han conseguido llegar a esta parte de la Quinta Avenida o de Park Avenue, donde se vive muy bien, y hay otros que siguen en los extrarradios".
"En el mundo occidental no somos conscientes de la deriva que estamos teniendo. Aunque es cierto que la actual y creciente desconfianza hacia el poder puede provocar un gran cambio" La Nueva York que atraviesa la novela vuelve así a proyectar algunas de sus preguntas sobre el presente: quién ocupa el centro y quién queda en los márgenes, quién decide las reglas de convivencia y hasta dónde puede llegar el poder .
Sánchez-Garnica también ve paralelismos entre aquella época y la actual.
"En 1968, la desconfianza en las instituciones, la guerra, las protestas y el lema deque acompañó la campaña electoral dibujaban una sociedad profundamente fracturada". Hoy vuelve a preocuparle esa erosión de la confianza.
"No somos conscientes, Europa y el mundo occidental en general, de la deriva que estamos teniendo. Me preocupa, como ciudadana, hacia dónde vamos, aunque es cierto que la actual y creciente desconfianza hacia el poder puede provocar un gran cambioComo en todos sus libros, la Historia, para Sánchez-Garnica, sólo adquiere verdadero sentido cuando se encuentra con esas vidas pequeñas que la padecen.no pretende reconstruir el asesinato de Robert Kennedy ni ofrecer una verdad alternativa sobre ñél, sino más bien, plantear preguntas.
"Las novelas están para plantear dudas", defiende la escritora. " La literatura permite mirar el pasado desde dentro, entender cómo personas corrientes tomaron decisiones en circunstancias extraordinariasQuizá por eso la Nueva York de 1968 sigue respirando entre los edificios de la ciudad actual .
En Harlem, donde las revueltas raciales han dado paso a una vida mejor para muchos; en las redacciones de los actuales periódicos, donde voces como la de Nicole se intentaban hacer escuchar; en las grandes avenidas y mansiones donde el dinero parece pertenecer a otro mundo; o en los barrios donde todavía hoy la ley y la delincuencia siguen separadas por una frontera muy fina.
"La ciudad ha cambiado, pero las preguntas que una encuentra en ella siguen siendo reconocibles: cuánto estamos dispuestos a callar por los nuestros, dónde termina la lealtad y empieza la complicidadPaloma Sánchez-Garnica: "Los líderes de Estados Unidos deberían recordar que es un país de inmigrantes, hoy igual que hace 200 años"
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