Interlocutora de Jean-Luc Godard en sus últimos años de vida, esta directora iraní cree en las películas como instrumento de la revolución
, con quien Farahani trabajó estrechamente en los últimos años de su vida. La cineasta les convenció para que aceptaran un juego: enviarse un correo electrónico cada viernes. Ella estaría en los dos sitios a la vez, en la gigantesca casa de Sussex, Inglaterra, en la que Golestan, que ha cumplido los 100 años, todavía vive, y en Rolle, el pueblo suizo en el que se recluyó Godard y en el que falleció, por suicidio asistido, el pasado septiembre.
, que seguía a una mujer trans que se prepara para salir a la calle en Teherán, cubierta por un chador, tras su operación de reasignación de género. Y en el segundo,, varias mujeres iraníes hablan sobre su sexualidad con un poema erótico persa como telón de fondo. Aunque la suya es una familia religiosa de clase trabajadora, sus padres nunca han tenido ningún problema con sus películas o con el hecho de que lleve la cabeza al descubierto.
, que tuvo lugar cuando ella tenía tres años y marca las etapas de su vida al compás de la situación en el país. “Mi adolescencia tuvo lugar cuando la revolución llevaba ya unos 10 años en marcha, y la gente de mi generación hemos sufrido graves daños psicológicos por eso. Yo no podía enamorarme y que se notase, ir con alguien por la calle. Eso se consideraba terrible y pecaminoso.