Los olvidados de la historia tienen mucho que contar Vía librujula
Luis E. Íñigo Fernández se ha embarcado en una empresa colosal y romántica al escribir “Historia de los perdedores: de los neandertales a las víctimas de la globalización”, un homenaje a quienes se han quedado fuera de la crónica oficial o han sufrido su desprecio.A Luis E.
Afirma el autor que los neandertales fueron seres magníficos, que sobrevivieron un cuarto de millón de años adaptándose continuamente. Lejos de ser toscos y salvajes, adornaban sus cuerpos, conocían muy bien el valor de la cooperación, cuidaban a los ancianos e impedidos, enterraban a sus muertos. Y, como sabemos desde hace muy poco, llegaron a desarrollar las primeras formas de arte conocidas.
Pero enfatiza que nada de esas aparentes mejoras en sus vidas alteraba en lo más mínimo su condición de esclavo. Y, aunque algunos conseguían situarse bien debido a sus servicios en las casas pudientes, cualquier pretexto era válido para golpearlos con saña. Sufrían también el sadismo y la perversión de muchos de sus amos y la lujuria de casi todos.
Siglos después, asentada la Iglesia y gozando del poder sus obispos, la represión de los disidentes ya no sería tan solo ideológica, ni bastaba con excluirlos de la comunidad de los fieles. Debían abjurar de sus creencias o ser exterminados, como enemigos perversos y depravados de la Iglesia y, por tanto, de Dios. Los herejes, según el historiador, no eran perversos ni depravados, ni era el afán de lucro o de poder lo que les movía.
El ejemplo que daban de una vida devota y sujeta a reglas morales estrictas, tan distinta a la exhibida por muchos jerarcas de la Iglesia, atraía a los más humildes.