Mientras que el Gobierno pide “cautela” ante la llegada del otoño, los expertos consideran que el uso de la mascarilla en el transporte público decaerá pronto
Metro de Madrid. Nueve y media de la mañana. Un hombre de mediana edad le dice a un joven, que trata de liarse un cigarrillo sorteando los vaivenes del vagón, que se ponga la mascarilla. El chico empieza a rebuscar por sus bolsillos, extrae una prenda de tela un tanto arrugada y termina por ponérsela. En ese momento, casi todo el vagón la lleva puesta.
Para el experto, es una falacia pensar que seguir llevando la mascarilla solo en el transporte público va a evitar una nueva ola de contagios. “Es no comprender lo que nos ha pasado en los dos últimos dos años y medio. En el caso de que tengamos una transmisión grave, es cuando hay que pensar si se necesitan nuevas medidas”, ha apuntado.
Fotografía de archivo en la que aparecen dos mujeres en la entrada de la estación de Metro de la línea 7, de Hospital del Henares, a 10 de febrero de 2022, en Coslada, Madrid .El uso de la mascarilla en estos espacios determinados es la única medida contra el coronavirus que todavía se mantiene y que nos transporta a una época anterior.
A día de hoy, es raro ver a alguien que la lleve puesta por la calle y, en el metro, la mayoría espera a entrar al vagón para acomodársela. En los aviones, dependiendo del lugar de partida, tampoco es obligatoria. Por lo que la adherencia a la norma casi está desapareciendo. Aun así, llevarla en el metro aunque no todo el mundo lo haga, “sirve de algo”, remarca Cámara.