La entrevista revela la trayectoria de una jugadora madrileña que pausó su carrera deportiva por seis años para dedicarse al 100 por ciento a sus estudios de Medicina. Tras superar una lesión importante, la deportista reflexiona sobre el equilibrio entre ambas vocaciones, la psicología del dolor y la importancia crucial del entrenamiento de fuerza para prevenir lesiones y optimizar el rendimiento en el pádel.
residencia en el Hospital Universitario La Paz la agenda se le queda pequeña. Porque, además de, y ha pasado los últimos años combinando ambas vidas.
La suya es una carrera de decisiones aplazadas y, después, recuperadas con pasión.que la apartó de las pistas en su mejor momento, la madrileña analiza los sacrificios del alto rendimiento, la psicología del dolor y las claves de un deporte que arrasa. Y comparte su lección vital, reforzada en terapia.
Tuvo que parar seis años enteros durante la carrera porque entendió que no llegaba a todo y, superada la lesión, aprendió que"del deporte también se sale" y que saber parar es tan importante como rendir. Soy de Madrid, pero vivo en Valencia. Voy a entrenar al gimnasio, hora y media, con mi preparador físico, de manera individual para poder rendir al máximo. Luego entreno otra hora y media en la Bellmont Padel Academy, y ahí termina la parte más movidita.
Voy a casa, como, descanso y, por la tarde, a veces hago una horita más de doble sesión en pista. Y si no, a lo mejor tengo cita con el psicólogo o con el nutricionista. Voy variando. Tres, cuatro, como mucho cinco.
Y es importante también el entrenamiento de fuerza para luego darle fuerte a la pala. Y no solo para luego darle fuerte, sino para prevenir lesiones, para tener cada articulación cuidada. ¿Cómo es tu historia de amor con el pádel? Ahora está en boga, pero supongo que cuando tú empezaste no había tantas chicas que se dedicaran a ello.
Mi historia es un poco rara. Empecé a jugar con 10 años y competí en la etapa de menores, hasta los 19, con muchos títulos por el camino: campeona del mundo cinco veces y de España 12. Al terminar el bachillerato tenía que elegir entre el pádel o estudiar, y no quise: empecé Medicina mientras seguía compitiendo.
Pero pronto entendí que, sin una dedicación al 100%, no rendía del todo en ninguna de las dos cosas, y menos en Medicina, que para mí es una vocación que exige el máximo. Así que dejé el pádel durante toda la carrera: seis años. Al terminar, hice el MIR, el examen que da acceso a la especialidad. En mi caso, rehabilitación.
Hasta que terminas el examen y empiezas la residencia hay tres o cuatro meses libres, y ahí, después de seis años sin tocar una pala, empecé a apuntarme a algún torneo. Pensaba que jugaba fatal, pero la gente me decía que no, que lo hacía muy bien. Poco a poco fui volviendo a competir, sin creer del todo que pudiera compaginarlo con la residencia y los viajes, pero lo conseguí. Fue una etapa preciosa.
La verdad es que me ayudó bastante mi jefe, que me daba ciertas licencias. Por ejemplo, los médicos residentes tenemos unos veintitantos días de vacaciones, y hay que coger una semana seguida en periodo vacacional y luego repartir el resto. Yo me los tenía bien calculados, con todos los festivos incluidos, y los iba administrando.
Incluso hacía locuras: por ejemplo, cuando tenía guardias, unas cuatro o cinco al mes, de 24 horas, al día siguiente trabajaba para poder guardarme esa mañana y tener un día más de vacaciones, que al final eran para viajar a los torneos. Y es verdad que entonces había muchos menos torneos que ahora. Cuando tenía 18 años elegí la Medicina, teniendo en cuenta que no iba a volver a jugar al pádel.
Pero mi vida siguió, tampoco me dio tantísima pena. Es verdad que en aquel momento no se podía vivir del pádel, al final eran todo gastos. Nadie sabía cómo iba a evolucionar, ni el boom que iba a dar en el futuro. Es una lucha continua, y como en todo, hay quien tiene más suerte y quien se apaña mejor.
Al final eso también marca tu rendimiento: es como una rueda, porque rendir bien te ayuda a ganar más dinero, pero también necesitas dinero para poder rendir y estar centrada. Yo tengo la suerte de contar con varios patrocinadores que me permiten vivir de esto y competir con tranquilidad, pero son muchos gastos: todo el equipo lo pagamos nosotras, y no hay distinción entre la número uno y la número 100, porque pagas por servicio.
Da igual tu categoría: el pan te cuesta lo mismo a ti que a cualquiera, y el vuelo también. A nadie le rebajan el billete por ser la número uno o la 100. Como médico deportivo, ¿eres más exigente o más comprensiva contigo misma? Porque supongo que tienes esa visión de sanitaria dentro de ti.
He sido siempre muy exigente, por cómo soy, muy perfeccionista. Eso, que ya es casi terreno del psicólogo, a veces juega a mi favor porque me hace rendir al máximo, y otras en mi contra, porque me lleva a la frustración. Pero creo que he aprendido más como paciente que como médico.
La lesión de cruzado me dio otra perspectiva, porque me vi muy impedida: en ese momento ya no me sentía jugadora de pádel, sino alguien que tenía que recuperarse para volver a serlo. Fue casi un año de vida paralela. Como todo el que se lesiona, pensé que era el peor momento posible para que pasara, y en mi caso era literal: acababa de volver al pádel en un momento espectacular.
Fui pasando previas, torneos, cuartos, semis, hasta llegar al Master Final y ser campeona del mundo con la selección española, con el número cuatro del ránking en parejas y la 11 individual. Justo en la cúspide fue cuando llegó la rotura del cruzado. A nivel físico, el sufrimiento de la recuperación fue brutal, aunque del momento exacto de la lesión no recuerdo dolor, sólo que grité .
No podía andar, tenía muchísima inestabilidad en la rodilla. Mentalmente hubo dos momentos muy duros. El primero, los días en que tuve que asimilar lo que había pasado. Me autodiagnostiqué en el mismo banquillo:"Es la rodilla, me la he roto", y aunque no me lo confirmaron hasta el hospital, yo ya lo sabía por la prueba del cajón.
Pensé enseguida en un año entero de recuperación y me vino a la cabeza la cara de todos los pacientes con esa misma lesión a los que había tratado. El segundo momento fue cuando ya estaba prácticamente recuperada y tuve que volver a competir. Tenía mucho miedo.
Todos los movimientos los hacía bien, me habían dado el alta, estaba mejor que antes, que es algo que también le pasa a muchos deportistas cuando sufren una lesión grave: te enfocas tanto en recuperarte, en estar bien físicamente, que acabas mejor aún. Físicamente se me notaba. Pero volver a competir me daba miedo, sobre todo el movimiento concreto con el que me rompí. Todo eso lo he tenido que trabajar mucho con el psicólogo.
Tanto los entrenadores como el preparador físico me preguntan después de cada partido cómo estoy. Como muchas veces el preparador físico no viaja conmigo, tiene que fiarse de mi: si estoy cansada, si el partido ha sido con mucho calor o humedad, condiciones que sufrimos especialmente en. Cuando noto que las piernas me van a explotar, paro.
Después de la lesión he aprendido a darme más momentos de descanso, porque entrenar más y más no siempre es la solución, por muy motivacional que suene esa idea. Cuando me lesioné, hablando con médicos y compañeros, me dijeron que probablemente fue un factor de estrés, no en el sentido negativo, sino porque llevaba mucho tiempo con la tensión de compaginar la residencia y los viajes, y la lesión llegó justo cuando por fin me relajé.
Pasa a menudo: al final no te puedes fiar ni cuando estás estresada ni cuando no lo estás. ¿Y qué consejo médico te cuesta más seguir a ti misma? Cuando tengo alguna lesión, aunque sea pequeñita, el que más me cuesta seguir es el de parar.
"Tienes que parar, cógete varios torneos de descanso", me dicen. Y yo pienso:"¿Cómo que varios torneos de descanso?
". Al final todos son puntos, dinero... Eso es lo que más me cuesta aceptar: el parar. Hay una especie de satisfacción por la superación.
Y aunque ya sabía, por haber estudiado Medicina y el MIR, que tengo ese afán de conseguir pequeños logros, quizá lo que más me ha llamado la atención es darle importancia a la gente que me ha apoyado de verdad. En esos meses en los que estaba centrada en recuperarme, el día tiene muchas horas, entre el psicólogo, el fisio, todo lo que no podía hacer, porque muchas veces no podía ni entrar en pista...
, así que he dedicado muchas horas a mi vida fuera del pádel. ¿Cómo fue vivir la pandemia siendo residente y, al mismo tiempo, intentando mantener vivo tu nivel competitivo? Estabas en primera línea en el peor momento posible. Mi primer año de residencia fue en 2020.
Yo entonces competía, pero todavía lejos de los logros que llegarían después, en torno al puesto 50 y 60 del ránking. Con la pandemia se suspendió todo, no había torneos, y como médico te llaman a formar filas. Aquellos meses el sistema estaba desbordado: faltaba personal sanitario, muchos compañeros estaban afectados, y yo, que apenas llevaba unos meses formándome, tuve que asumir responsabilidades que no me correspondían todavía.
Mi supervisor tenía que repartirse entre varias salas, así que muchas veces me tocaba llevar sola una sala de pacientes, algunos de ellos graves. Fueron meses muy duros, de faltar manos y apoyo, pero que me curtieron muchísimo, como médico y en general en la vida. Recuerdo 2022 con mucho cariño: fue el año en que despegué como pareja con Vero Virseda y en el que llegué más alto en mi carrera.
Gané varios títulos, jugué una final importante en un Master en Marbella, y viví el campeonato del mundo en Dubái, con la selección española absoluta. Había formado parte de la selección de menores muchos años, pero la absoluta es otra cosa, sobre todo por lo que significa que te elijan entre sólo ocho personas para representar a España. Es lo que más recuerdo de esa etapa, y lo tengo presente en todas partes. Muchísimo.
Mi nutricionista, Luis Royuela, se encarga de toda mi alimentación y me asesora con los suplementos de Weider y de Victory Endurance, que son los que me proporcionan. Julio Almiñana es mi preparador físico, y entreno con el equipo también. Y luego hay algo fundamental a lo que la gente no suele dar tanta importancia: el psicólogo.
Estar en forma, tener buen toque y estar fuerte es imprescindible, pero cada vez tengo más claro que el aspecto mental supone casi un 70% de la competición. Canalizar los bucles mentales, no creértelo mucho cuando ganas, no venirte abajo cuando pierdes... ¿Cómo aprendes a gestionar todo eso? Soy más de no venirme abajo que de venirme arriba.
Bastante humilde, a veces incluso demasiado, y no me vendría mal algo más de ego y que se me hinchara un poco más el pecho . Pero mi psicólogo siempre consigue que, al terminar cada sesión, salga siendo otra persona.
Llego con todas mis inseguridades, con dudas sobre cómo actuar en momentos concretos del partido, y él me da herramientas: para un golpe con el que me he enganchado, para ciertos pensamientos dentro o fuera de la pista, incluso para mi vida privada, que influye mucho en el juego. Son pequeños consejos que, a base de repetirlos, van calando poco a poco, hasta que un día me doy cuenta de que ya los aplico sin pensar.
Cada vez es más importante para mi rendimiento. Uy, sí, bastantes. Me gustaría volver a estar donde estuve antes de la lesión. Sé que es difícil, porque en un año cambian muchas cosas, y más en el pádel, que está tan en auge.
Yo me di cuenta cuando volví. Pero me creo capaz. A ver si se juntan un poco los astros y, con trabajo, el momento llega. Totalmente, cada vez más profesionales se apuntan.
Es un deporte fácil para empezar: se juega entre cuatro personas, ni muchas ni pocas, y luego se suele acompañar de algunas cervecitas después, lo cual lo hace mucho más agradable. Dependiendo de cómo juegues, puedes acabar cansado o no, así que también depende mucho del nivel de los jugadores. Pero sobre todo es muy social. En cuanto a las palas, es cuestión de gustos.
A diferencia de otras marcas, donde hay una gama baja, media y alta y mucha gente va directa a la alta sin experiencia, en Siux hay opciones que se adaptan a cualquier nivel. Lo importante es elegir la que más te guste, sabiendo que es una marca reconocida que te respalda, y eso da mucha seguridad. Su ropa también me encanta y suelo estar pendiente de la nueva colección. ¿Tienes algún referente femenino en el pádel?
Y tú que lo eres para otras chicas, ¿te ha llegado algún comentario de alguna niña que te haya hecho ilusión? Eso me encanta. Cada vez que alguien me pide un autógrafo o me dice algo bonito, pienso:"Qué guay, me siento importante". Al final yo también he sido esa niña que admiraba a otras jugadoras, y mi ídola es Alejandra Salazar.
Juega increíble, pero creo que la gente no valora tanto su fortaleza mental: casi siempre es la capitana del equipo. Esa actitud es la que a mí me gustaría copiar, en la que más me fijo. Aparte de ver un poquito de Netflix, para descansar la mente y dejar de pensar, que también viene muy bien, me gusta hacer visualizaciones de los partidos. Es verdad que con eso no desconectas mucho, pero llegas más preparada.
Me gusta imaginar que estoy en el momento, que pasan ciertas cosas. Eso me ayuda. Aunque para las redes sociales no viene muy bien, muchas veces, cuando llego aquí a casa en Valencia, me doy un día de desconexión, de no subir nada, de ir a mi rollo, salir a andar, a pasear, o estar con la familia. Me recarga mucho las pilas.
Sí, y es verdad que me gusta llevar las mías al día, pero no consumo tanto el contenido de otras personas. Ahora que está tan en auge el mundo deportivo, todo el mundo se apunta a carreras, a competiciones, a retiros... ¿Cómo vives tú este boom del bienestar? Pues te digo que por fin, aunque nunca he sido de salir de fiesta.
Este estilo creo que te hace crecer, que te hace conocerte, me parece mucho más saludable. Pero, ojo, porque al final, como todo, tampoco te puedes pasar. Hay una canción que dice que del deporte también se sale; cuidado, porque hacer demasiado tampoco es saludable. Que descanses bien, que aprendas a relajarte.
Y te diría que le des importancia a las cosas que son realmente importantes, porque luego sufrimos por cada tontería... Y otro consejo: rodéate bien. Si tuvieras que elegir entre tus dos pasiones, pista o quirófano, victoria o guardias, ¿qué elegirías? Si le pudieras dar un consejo a la Bárbara de 2020, después de todo lo que has vivido, ¿cuál sería?
Que viva más cada momento. Porque muchas veces la vida tiene momentos felices y siento que se pasan por alto, como si fueran eternos. Así que le diría que le diera más importancia, que los aprovechara y los disfrutara más.
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