Jan Martens estrena The Dog Days Are Over 2.0, una obra coreográfica inspirada en Ugo Rondinone y Florence Welch que explora la resistencia física y la repetición.
El coreógrafo Jan Martens, de 42 años y nacido en Beveren, Bélgica, presenta su obra The Dog Days Are Over 2.0, una pieza que toma su título de la canción de Florence + The Machine. La obra, que se ha mostrado en el centro Conde Duque, somete a los bailarines a un ritual de calistenia repetitiva y monótona, generando una experiencia hipnótica y envolvente para el público.
Origen e inspiración de la obra
La canción de Florence Welch, que hace llorar a muchos, se inspiró en un cartel luminoso comercial con pretensiones artísticas de Ugo Rondinone, artista suizo nacido en Brunnen en 1963. El letrero estaba colgado en una pared lateral de un centro comercial del gran Londres, y Welch lo veía repetidamente desde su bicicleta, lo que la llevó a componer el tema. La relación con la coreografía de Martens es críptica e inabordable, pero el coreógrafo ha utilizado la frase lírica popular para su obra.
Martens ratifica su voz personal y sigue generando entusiasmo entre la población alternativa. Su trabajo es difícil, pero no desconcertante, con una pretenciosidad intelectual dosificada por un estricto control escénico, calculado y hasta frío. La obra plantea un problema conceptual añadido: se ha estirado el concepto de coreografía más allá de los límites aconsejables.
La repetición como metáfora de resistencia
En The Dog Days Are Over 2.0, Martens arroja una densidad plúmbea de pequeños saltos sin fin a la cara del espectador, provocándolo. La gran metáfora que prevalece es la de resistir, la resistencia humana encarnada por el grupo de bailarines. Los intérpretes, que no son los originales, visten elementos horrendos y vulgares, acordes con la estética de la obra.
Al final, una bailarina leyó un texto bastante largo en inglés sin traducción al público, lo que pudo ser otra seña a seguir. El tiempo también ha pasado factura a la obra, aunque su rigidez de conteo permite reconstruirla fielmente cuantas veces se quiera, como un ballet académico basado en lectura convencional y seguimiento musical armónico.
Contexto artístico y recepción
Los entusiastas de lo nuevo a toda costa sostienen que los cambios desacralizadores producidos por los ciclos de improvisación, que comenzaron como ejercicio de estudio y pasaron a laboratorio y luego a producto de exhibición, han ratificado esta tendencia. Pero hasta la Coca-Cola ha recuperado la botella arcaica de silueta abombada y la llama pomposamente vintage; lo que en la bebida es estrategia de mercado, en la coreografía también lo es, pero con un traje cultural a medida.
Martens no parece querer dar esperanzas al arte coreográfico despojándolo de lo que cree accesorio. Su obra, ocasional al fin y al cabo, es una aritmética que puede agotar al espectador. Sin embargo, su parte hipnótica, envolvente, de péndulo en atracción permanente, bucle en distorsión y paradigma de la génesis rítmica de la secuencia bailada, sigue siendo extrañamente efectiva. Por esto triunfó hace una década, y así nos la refresca, aunque el público, los sentimientos perceptivos y la crítica de hoy no sean los mismos de antaño.
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