Entendiendo a Lula da Silva: radiodiagnóstico de uno de los últimos faros de la izquierda antes de las elecciones en Brasil

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Entendiendo a Lula da Silva: radiodiagnóstico de uno de los últimos faros de la izquierda antes de las elecciones en Brasil
Política

A sus 80 años, Lula da Silva busca este octubre —en una contienda frente a Flávio Bolsonaro, hijo de Jair— su cuarto mandato como presidente de Brasil. Investigamos cómo ha evolucionado la percepción del mandatario brasileño en Sudamérica.

Brasil no es un país cualquiera: décimo PIB mundial según proyecciones del FMI, quinta nación más grande del planeta y vibrante democracia de 214 millones de habitantes.

No deja de ser sorprendente, entonces, que de las 10 elecciones presidenciales que ha habido desde la restauración democrática de 1985, Lula haya tomado parte en siete de ellas. ¿No tiene su partido, el Partido de los Trabajadores , una figura de reemplazo? ¿Es la izquierda brasileña inevitablemente sinónimo de Lula? La respuesta es sí.

Nadie en la izquierda se compara con él, y por eso la lucha por la presidencia lo tiene como protagonista en una batalla electoral que se librará en dos etapas: la primera vuelta del 4 de octubre y la segunda del 25 del mismo mes. ¿Quién es hoy Lula? Julio María Sanguinetti, dos veces presidente de Uruguay y, a sus 90 años, una de las mentes más lúcidas de América Latina, cree que Lula ha cambiado.

Y no para bien.

“Lula tiene una personalidad muy agradable. Es muy afable, pero ahora lo noto un poco más crispado, como enojado”, dice ael hombre que gobernó Uruguay durante 10 años.

“El Lula de los dos primeros gobiernos, sobre todo el primero, era muy alegre, muy ocurrente, digamos. Este Lula, después de su encarcelamiento, ha quedado con una actitud psicológica un poco más impropia de su imagen tradicional”, añadió Sanguinetti.

“Y es todo un dato, porque él es esencialmente un negociador”. , biógrafo de Lula, al que conoce desde hace más de medio siglo, cuando recuerda una conversación que tuvo con el presidente: “¡Pero, Lula! ¿Cómo es posible? Te clavó un cuchillo por la espalda y ahora, solo seis meses después, lo estás abrazando…”.

Lula sonrió ante el comentario: “¡Nooooo...! Es por eso que tú no estás enEse es el Lula de siempre, no el que en este último mandato se propuso avanzar en asuntos que había dejado de lado en sus dos primeros períodos de gobierno por ser, precisamente, demasiado negociador. Pero no negociar sería casi negarse a sí mismo: la vida de Lula ha sido una negociación permanente y siempre partiendo de posiciones desventajosas.

Lula nació en el empobrecido nordeste del país, en una casa de adobe de apenas dos habitaciones en la que sus nueve ocupantes se turnaban para dormir en un colchón. Cuando no lo ocupaban, se las arreglaban en el suelo.

Su padre lo abandonó cuando tenía dos semanas de vida para formar una familia paralela, en 1964 perdió un dedo de la mano izquierda trabajando como tornero, su primera esposa murió en 1971 de hepatitis . Superó un cáncer de laringe hace una década, su segunda esposa murió en 2017, pasó casi dos años en la cárcel entre 2018 y 2019, fue operado de un hematoma craneal en 2024 y viste desde hace un tiempo sombrero como precaución tras la extracción de un carcinoma sin metástasis en la cabeza.

Con la voz ronca, su marca registrada, el ex obrero metalúrgico insiste una y otra vez en que este es su “mejor momento en el planeta Tierra”, una imagen que permite asomarse a otra característica evidente de la personalidad de Lula: su vanidad.. Además de historiadora, Colombo es también periodista y una referencia a la hora de escribir sobre América Latina en una institución de los medios brasileños como es.

Su columna de los fines de semana en este medio permite, desde todos los especiales matices que aporta una perspectiva brasileña, desentrañar lo que sucede en esa parte del mundo.

“Lula es un animal político, dedicó la vida a la política. Siempre sorprende. La política es su vida, más allá de que tenga vida propia, todo gira en torno a la política. Y hay que sumar algo de vanidad, que no sé si es inherente a su personalidad o la fue adquiriendo en su tiempo de sindicalista.

Por eso para él es muy difícil la idea de crear un sucesor, como sucedió con Juan Perón o Getulio Vargas. Está claro que es muy difícil pensar en medio de la lucha política en crear un sucesor, y para Lula no es algo importante cuando él está al mando.

No se sabe si va a tenerpara completar un posible cuarto mandato, sería bueno que propusiera a alguien para tomar el testigo, pero él tiene una idea muy buena de sí mismo. En la derecha sí hay muchos nombres, pero, incluso si gana y es presidente por cuarta vez, ¿qué hará el PT en, en mi sangre, en mi cabeza. Porque la cuestión no es la política en sí, sino la causa que te lleva a la política.

Y yo tengo una causa”.del Lava Jato llevó a Lula a pasar 580 días en la cárcel, antes de que el Tribunal Supremo invalidara la sentencia por incompetencia del juzgado que lo condenó. Sin embargo, lade Lula no se puede reducir a ese episodio específico, porque él es, ante todo, el primer líder sindical en la historia de Brasil en llegar a la presidencia.

Vendedor ambulante a los ocho años y limpiabotas a los nueve, se hizo ayudante de tintorería en su adolescencia, antes de ingresar a los 14 en una empresa metalúrgica y convertirse en tornero. Llegarían los tiempos de militancia en el Partido Comunista y de liderazgo sindical, seguidos de su crecimiento político durante la dictadura militar iniciada en 1964, y luego ya en democracia desde 1985. Ahí fue cuando unió su apodo, “Lula” , a su nombre legal.

Diputado del Partido de los Trabajadores en 1986, perdió tres elecciones presidenciales consecutivas antes de ganar las de 2002, 2006 y 2022. Para entonces ya había dejado de lucir camisetas con la efigie del Che Guevara y moderado su imagen, que atemorizaba a las clases medias brasileñas y a los Hasta tal punto se moderó, que su vicepresidente actual —y nuevamente candidato junto a él en estas elecciones— es Geraldo Alckmin, un hombre de derechas, exgobernador del estado de São Paulo y nada sospechoso de ser revolucionario.

Hoy ambos se declaran amigos, casi hermanos. Lula es, por encima de todo, un profundo pragmático. Su política económica ha estado lejos de las ensoñaciones estatistas de sus vecinos argentinos, los Kirchner, con los que coincidió en el tiempo como presidente. Y cuandole preguntó por la propuesta del por entonces flamante presidente de Colombia, Gustavo Petro, de crear un “bloque antipetróleo”, el entonces expresidente brasileño apenas contuvo la risa.

“Mira, Petro tiene derecho a proponer lo que quiera, pero, en el caso de Brasil, esto no es real. En el caso del mundo, no es real. Todavía necesitamos petróleo por un tiempo, no se puede... Piensa en nuestra queridapara la energía.

Lo que se puede hacer es iniciar un proceso a largo plazo para reducir la necesidad de petróleo a medida que se amplían otras alternativas”, respondió. Lula trabajó junto a una ministra de Medioambiente, Marina Silva, a la que nadie puede negarle sus credenciales de ecologista y luchadora por la preservación de la naturaleza. Medallas que no se podría colgar Lula, promotor de la exploración petrolera, del crecimiento de Petrobras y de prospecciones en la desembocadura del río Amazonas.

Ecologista no, pero superviviente sí: no es habitual que un hombre enviude dos veces y siga adelante luego con fuerzas renovadas. Algo de eso se vio en un reciente acto de campaña cuando Lula se confundió y mencionó a Marisa Letícia, su segunda esposa, en lugar de Rosángela da Silva, su mujer actual, que es 21 años menor. Desde el palco, Janja sonreía y movía los dedos diciendo que no, que ella está viva. Y vaya si lo está.

, es la fuente de agua de la que bebo. Janja me devolvió la alegría por la vida, la voluntad por hacer las cosas. Redescubrí una palabra llamada amor. Solo el que ama sabe lo que es eso”, dice Lula una y otra vez.

El presidente y candidato presidencial Luiz Inácio Lula da Silva, durante un mitin electoral en el estado de São Paulo el pasado 16 de agosto. Janja es una militante de larga trayectoria en el PT. Licenciada en Ciencias Sociales con especialización en Historia, ostenta también un máster en Gestión Social y.

Pero Janja es, sobre todo, un animal político, alguien que vive con pasión y convicción los colores del PT, como destaca Moraes, el biógrafo de Lula: “Janja trajo mucha alegría a la vida de Lula, una vida que fue una sucesión de tragedias. Eso sí, no esperen que se calle, Janja siempre dará su No, Janja no se calla.

Cada vez que el PT o el Gobierno organizan un acto político en el que escasean o no hay mujeres, la primera dama lo hace notar. Se dirige a su—así lo llama muchas veces— y lanza una soflama antimachista. ¿Querrá alguna vez ser candidata a la presidencia? En la derecha está preparada para eso Michelle, la esposa de Jair Bolsonaro.

Un duelo Janja-Michelle en el futuro no es descartable. Ya el 1 de enero de 2023, día de la asunción de Lula y de su estreno como primera dama, Janja dejó claro que no sería un florero en el Palacio del Planalto: Seyed Mohammad Hosseini, vicepresidente de asuntos parlamentarios de, se acercó al flamante nuevo presidente para estrechar su mano.

En simultáneo, en una coreografía casi perfecta, Janja se movió hacia atrás y prácticamente se ocultó tras el vicepresidente Alckmin para comenzar una animada conversación con la esposa de este: no quería saber nada con los representantes de un régimen que le niega derechos a las mujeres. O que directamente las mata. Moraes no está sorprendido por la fuerza de Janja: “La conocí el día que se enamoraron.

Fue en un partido deentre el equipo de Chico Buarque y el del Movimiento de los Sin Tierra. Vino gente de todo Brasil para ver a Lula en un equipo y Chico Buarque en el otro. Ahí me di cuenta de que había algo especial entre Lula, que llevaba un año viudo, y una muchacha a la que había visto en la vigilia en la puerta de la prisión. Entonces me dijeron: Lula está enamorado de esa muchacha.

Hicimos un viaje juntos a Cuba en 2020 para grabar una película dirigida por Oliver Stone que se llamaEn términos de política exterior, Lula es desconcertante. Muchas veces parece actuar con la lógica de un mundo que ya no existe, como si quisiera sacar adelante, esta vez sí, pero dos décadas más tarde, las ideas con las que llegó al poder en 2003.de Ji, Brasil estará más cerca de América Latina y del Caribe, esa es nuestra política”, anticipó Celso Amorim, el influyente asesor de política exterior del presidente y excanciller en los albores del Gobierno actual.

Pero la realidad destruyó esos planes, porque América Latina se escoró notablemente a la derecha y dejó a Lula casi como excepción ideológica en la región.

“Trataremos a todos por igual, buscando siempre nuestro interés”, añadió Amorim. El interés de Brasil y el de Lula, que inevitablemente se entrecruzan, es que el país sea tratado como una potencia mundial de primer orden y no como una mera potencia regional.

De ahí la insistencia en reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la inviable ensoñación mediadora entre Rusia y Ucrania y el muy activo papel en los BRICS, un bloque de coordinación económica y política que reúne más autocracias y dictaduras que democracias. Sanguinetti cree que Lula está equivocado a la hora de mirar al mundo actual: “Lula hoy es ya una figura histórica en Brasil, una cuarta presidencia no le va a aportar nada.

Y él ya no está sintonizando con la, la prueba es que hoy está ideológicamente en solitario en América Latina. No tiene un país con un gobierno afín. Dice algo que su propia política exterior no sintonice con el mundo contemporáneo”. El propio Lula está sin embargo muy convencido de lo que hace.

Se siente al frente de una verdadera misión. No extraña por ello que su día a día se convierta en un agotador maratón, una sucesión de actos, reuniones y mítines en los que apela a un lenguaje popular y directo para hablar de lo divino y de lo humano, casi siempre sentando cátedra, diciéndoles a los brasileños cómo son o cómo deberían ser en realidad las cosas.

Uno de los aspectos en los que insiste Lula es en que, más que un presidente, él es alguien que debe “cuidar” a los brasileños. El tono mesiánico y paternalista es habitual en la política brasileña, donde son muy frecuentes las alusiones a Dios y enorme el poder de los cultos pentecostalistas.

La pregunta es si los brasileños quieren ser “cuidados” o simplemente buscan un presidente que haga más accesible la cesta de la compra y reduzca la inseguridad y el La alternativa a Lula es la derecha controlada por la familia Bolsonaro. Jair, el expresidente, está preso tras una sentencia del Tribunal Supremo Federal, que considera probado que lideró un fallido intento de golpe de Estado en las semanas finales de 2022 y los días iniciales de 2023.electoral.

Su sucesor, elegido por él, es su hijo mayor, Flávio, miembro del Senado. Más formado y educado que su padre, Flávio Bolsonaro lideró una accidentadaen la que apuntó a ofrecer un “futuro”, mientras que el PT se concentró en destacar la categoría de icono de Lula. Un Lula que ha destinado ingentes recursos del Estado para las clases más desfavorecidas y los estratos medios.

Desde subsidios para servicios públicos y transporte —o directamente ofrecerlos gratis— hastaAnte esa fiebre que no pocos definen como un intento de compra de votos, a Lula nada le es ajeno. Y las salidas de tono yson frecuentes.

A finales de marzo, durante una visita al interior del estado de São Paulo, en concreto a los talleres de la aerolínea Latam, Lula, de traje, corbata y gorra, comenzó a correr en círculos mientras simulaba hacer volar un pequeño avión a escala. La oposición más recalcitrante aprovechó para decir que la escena demostraba que el presidente no está en sus cabales.

No es cierto, Lula es consciente de lo que hace y muestra su orgullo por haber reducido los niveles de pobreza en el país, hasta el punto de sacar a Brasil del “mapa del hambre” que elabora la Organización de las Naciones Unidas . Al anunciar el dato de la ONU, el ex obrero metalúrgico recordó su juventud como miembro del proletariado: “Yo estaba en una situación tan precaria que hubo días que no llevé comida de mi casa.

Entonces iba al bar de la fábrica y los compañeros de trabajo, a los que aún conocía poco, me preguntaban si no tenía hambre, si ya había comido. Y yo les decía que no, que no tenía hambre, pero con cada bocado que le daban al sándwich de mortadela me imaginaba que era yo el que estaba mordiendo ese sándwich”.

El presidente se emocionó en el momento en el que rememoró aquel episodio y comenzó a secarse las lágrimas, visiblemente afectado. Y eso también es Lula: un político y un presidente que no admite comparación. Una cosa es que el Gobierno celebre el anuncio de que el país salió del “mapa del hambre”. Y otra es que te lo cuente el propio Lula.

Lula gana la presidencia sobre José Serra, el candidato del presidente Fernando Henrique Cardoso, de manera arrolladora: 61% de los votos.el auge mundial de los precios de las materias primas impulsa con fuerza el crecimiento del PIB brasileño y le permite a Lula ser reelegido por otros cuatro años como presidente. Dilma Rousseff se convierte en la primera mujer en alcanzar la presidencia de Brasil.

De gran confianza de Lula, a Rousseff le falta el carisma y la conexión emocional del exobrero.2016 - El final de Rousseff: un proceso de destitución acaba con el Gobierno de Rousseff cuando estaba a mitad de su segundo mandato. Fue un acto que la izquierda, hasta el día de hoy, califica de golpe de Estado.

Lula ingresa en la cárcel, pero es liberado 580 días después, cuando el Supremo Tribunal Federal estableció que había sido condenado por un juez sin competenciaJair Bolsonaro, excapitán del Ejército y derechista sin complejos, derrota a Fernando Haddad, delfín de Lula, y llega a la presidencia. Ganó con más del 55% deLula se presenta de nuevo y gana las elecciones generales con una ajustada ventaja sobre Jair Bolsonaro , para instalarse por tercera vez en el Palacio de Planalto.

Lula llevaba apenas siete días en el poder cuando la Plaza de los Tres Poderes es atacada por partidarios del expresidente Bolsonaro, en un intento de golpe de Estado que fracasa. Jair Bolsonaro es condenado a 27 años y tres meses de prisión por liderar el fallido intento de golpe de Estado de 2023. Su hijo Flávio tomará luego el testigo como rival político de Lula.

Michael Douglas admite que mintió durante 40 años sobre su relación con Kathleen Turner: “Me colaba a escondidas en su habitación de hotel cuando todo el mundo estaba dormido. Nadie se dio cuenta”en plena carrera hacia los Oscar: “Ver a espectadores de todo el mundo recibirla con tanto amor, con lágrimas y el corazón roto, nos demuestra el poder del cine” Ambrossi y Calvo recogen en Los Ángeles el premio a la mejor dirección en la gala de cine latino de los Critics Choice impulsados por el éxito de público en San Sebastián y Toronto y con la mirada puesta en la próxima gala de los Oscar.

La infanta Sofía y las dudas sobre si volverá a España para los grandes eventos de la familia real en octubre: ¿Estará presente en la Fiesta Nacional y en los Princesa de Asturias? La hija menor de don Felipe y doña Letizia lleva un mes viviendo en París, donde se instaló en septiembre para cursar su segundo año de carrera en el Forward College.

Rompiendo en X con el dueño de X: Shivon Zilis, ex de Elon Musk, anuncia el fin de su relación tras ser “dejada sin aviso” por el magnate La ejecutiva, madre de cuatro de los 14 hijos conocidos de Elon Musk, ha compartido en X unos recientes mensajes de Musk en el que se le declaraba su amor poco antes de romper con ella por sorpresa.

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