De Thomas Cole a Roy Lichtenstein: el MuseoThyssen redescubre en una exposición su colección de arte americano
La primera obra de arte americano que el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza compró fue un Pollock. Sucedió en los 70, una época en la que los negocios le llevaron varias veces a Estados Unidos en unos viajes que le ofrecerían también la oportunidad de conocer a los grandes coleccionistas de arte moderno. Pero hay un momento clave: 1976, el año en el que se cumple el bicentenario de Estados Unidos y se celebran varias exposiciones.
Dividida en cuatro secciones, la exposición que puede verse hasta el próximo 26 de junio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid trata de reinstalar la colección atendiendo no a una visión cronológica y estilística sino de manera temática y transversal. “La colección llevaba 25 años muy estática y a lo mejor ha llegado el momento de revolverla un poco”, afirma Alarcó.
En este apartado subyace la idea de lo sublime en obras de artistas como Thomas Cole, Frederic Church o Georges Inn que cuelgan junto a un Rothko y muestran cómo la naturaleza se convirtió en fuente de espiritualidad. Las primeras salas también dejan patente que algunas ideas, como la alegoría de la cruz, forman parte de las pinturas de Ossorio o De Kooning mientras que Georgia O’Keeffe recuperó la idea del pasado místico del paisaje.
Desde mediados del XVIII y hasta el siglo XX, muchas obras presentan la tierra como escenario de la asimilación colonial y ensalzan la presencia euroamericana frente a la indígena o la afroamericana. Escenas de indios como las de Charles Willson Peale, Charles Wiman y Joseph Henry Sharp son buen ejemplo de cómo se trató de domesticar las tierras salvajes.