El premio nacional de Literatura Juvenil relata las agresiones sexuales que vivió de niño
Y lo peor estaba por llegar. Aquel verano fue a unas colonias escolares. Mientras jugaba a tenis, recibió una pedrada que le rompió el cristal izquierdo de las gafas. Los cristalitos se le clavaron en la cara y lo llevaron a la enfermería. “¿Y quién era el responsable de la enfermería? Él. Me curó y me dejó en calzoncillos en una cama con una sábana, encerrado con llave y con las manos atadas con una correa”.
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