La cubana Ana de Armas interpretando a Marilyn Monroe en ‘Blonde’, de Andrew Dominik. Es la película más esperada de la Mostra de Venecia
sus fotografías, el romance con el presidente Kennedy o la celebérrima falda empujada por el viento deSe acomodan, sin embargo, en segundo plano. Porque el filme quiere entrar en lo más íntimo de Marilyn: su alma.
Aun así, de paso, acalla cualquier mala lengua: los prejuicios de Hollywood hacia los latinos, la chica guapa de películas comerciales, la exnovia de Ben Affleck. Frente a las habladuríasAparece en cada toma, durante casi tres horas. Y nunca deja de ofrecer fragilidad y poderío, sufrimiento y euforia. Además, cómo no, de seducción.
Imposible no asistir, al revés, a todos los recursos que Dominik despliega en la pantalla. Cada secuencia incluye algún golpe de efecto, ya sea un movimiento de cámara, alguna metáfora visual o un sonido perturbador. Está claro quepretende hacer mella. La acumulación, sin embargo, no deja tiempo para que las improntas permanezcan: hay momentos memorables, pero el espectador termina saturado. Y más después de 166 minutos.